A ver, ¿qué historia te cuento? ¿La de mi vida profesional? Uf, qué pereza leer algo así. ¿La de mi vida personal? Tampoco es eso, no nos pasemos. 

Bueno, vamos a hacer una cosa: yo empiezo a escribir así como a lo loco sin pensar mucho, lo leo una vez, quito posibles cosas que me hagan ir a la cárcel o al exilio emocional y listo; el resto es lo que tienes debajo. ¿Vale?

Mi apellido real es Oviedo, no vayas a pensar que soy de origen japonés o algo así. Vivo desde hace tiempo en la ciudad del mismo nombre, lo cual es motivo de broma fácil, conversación para ligar o cualquier otra chorrada para la que ahora no tengo paciencia.

Lo que he estudiado y tal no tiene importancia apenas, puedes creerme, al menos lo del mundo universitario. Pero puedo decirte que flipé de verdad cuando empecé a formarme en crianza (natural, consciente, respetuosa… Mil nombres tiene el Oscuro) y a enterarme de las consecuencias aberrantes que tienen algunas prácticas totalmente extendidas en la sociedad en la que vivimos. 

Aún así no me considero especialista en crianza, tampoco en salud mental perinatal. No soy psicóloga, doula o partera. No me veo como educadora, terapeuta, dinamizadora, facilitadora, practicioner u operadora. 

Bueno, hay una cosa que sí soy: madre por partida doble. Quiero decir que he gestado, parido y estoy criando a dos hijos. Por los dioses, lo que cuesta. Ya hablaremos largo y tendido de todo esto.

Tengo mi ristra de títulos de todo esto y una colección importante de formaciones para ofrecer lo que hago, claro, no te pienses que no, pero si los conocimientos no te los pasas por el cuerpo, como a mí me gusta decir, estás perdida. Todo lo que harás, dirás, aconsejarás y pregonarás será mentira o estará vacío y estarás contribuyendo a que tú y cuantos te rodean sigan viviendo la farsa con la que se perfuman cada mañana.

Así que todo en mi vida era “ jaja, jiji” (aunque por supuesto yo no me daba cuenta) hasta que nació mi primer hijo, en febrero de 2018. Ya la hostia terminó de ser monumental cuando nació el segundo, en noviembre de 2020. 

Somos animales (mamíferos), por mucho que las instituciones se empeñen en que no, así que la necesidad hizo que me buscara la vida con información para entender, para hacerlo todo lo bien que yo quería (temazo, el de la maternidad y el perfeccionismo) y para sobrellevar el tremendo cabreo que me salía por todos los poros según iba avanzando etapas.

Sí, Maternante es hija de la furia. De la rabia social por no poder creerme lo descuidadas que estamos las madres en este momento histórico, por estos lares del planeta. De la impotencia ante el peso de la extenuación en soledad, aún rodeada de gente. De las ganas imparables que se me brotan solas e innegociables del cuerpo por decirles a otras madres que somos muchas, que estamos ahí, que todas somos distintas y que todas estamos pasando por lo mismo.

Te voy a ser sincera, me pillas en un día bajo escribiendo esto. Estoy durmiendo a trozos demasiado pequeños, demasiado intermitente y demasiado superficial. Llevo así mucho, y los efectos son brutales. Y si “solo” fuera eso… Sé que me entiendes. Así que por hoy no te puedo ofrecer más inspiración. Tal vez en los emails.

Solo te digo una cosa:

No estás loca, no estás sola.

PD. Hazme un favor: date placer, en el formato que quieras. Hoy, sólo hoy. Y cuéntame qué pasa.